domingo, 9 de febrero de 2014

Amor y desazón

No cesa su búsqueda aunque se acabe
Quien ha sentido el amor, lo sabe
En el momento es amor
Lo que después es desazón

Vacío, vaga vacío
Más libre, sin dueño
Pero el daño es el precio 
De no vivir en un sueño

Librarse de ataduras
O estar cuerdo y bien atado
Cortar o amarrar amarguras
Para un futuro, desde el pasado

Resquicio siempre queda
Que cierre la puerta quien pueda
Sin saber lo que le espera
Al final de la escalera

Vagabundo que reposa
Esperanza perezosa
Mendigando amor
Desde la desazón

jueves, 6 de febrero de 2014

Determinismo y libre albedrío

Somos libres subconscientemente, mientras que el consciente nos determina.
Me dispongo a ofrecer una compatibilidad entre determinismo y libre albedrio. Puede que ésta teoría haya sido planteada en términos o ideas parecidas por otros autores anteriores (lo desconozco), pero ruego al lector que tenga fe de que no me he basado en ninguno de ellos para plantearla.

Actuamos de forma ineludible, estamos destinados a “hacer” por encontrarnos en el avance espacio temporal al que hemos sido arrojados. En ese avance imparable no dejamos de topetarnos con decisiones, disyuntivas, diferentes caminos por los que seguir haciendo, o también, diferentes formas de hacer dentro del camino. Pero, ¿De dónde emana en realidad una acción? ¿Somos siempre nosotros mismos los artífices de nuestras decisiones? O hay diferentes formas de deliberar de las que nos somos siempre conscientes.
Respondiendo a esta serie de cuestiones se han construido argumentos a favor de dos posturas diferenciadas: El determinismo defiende, principalmente, que todo acontecimiento físico, incluyendo el pensamiento y acciones humanas, están causalmente determinados por la irrompible cadena causa-consecuencia, y por tanto, el estado actual "determina" en algún sentido el futuro. Mientras que el libre albedrío es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

Como ya he marcado en un principio, me dispongo a intentar acoplar las dos doctrinas dentro de una misma vía de acción, esclareciendo en que ámbito se manifiestan cada una de ellas.
El ser humano es esencialmente inconsciente, nace en la inconsciencia más absoluta y va adquiriendo consciencia gradualmente en la medida que va dándose cuenta de las cosas que lo rodean; tanto a nivel físico (mundo material), social (relaciones familiares, amistades…) o cultural (historia que precede al individuo, el por qué de las cosas, ciencia…).
Hilos de consciencia van tejiendo una tela que forma lo que llamaremos como consciente. Estos hilos están hechos del material que brota de las referencias sociales, posturas familiares, en definitiva, de aquella ética que nos precede y que da forma a nuestra razón.
Se forja con ellos una razón que prioriza los valores y ajusta nuestra acción a ellos. La razón es el medio de actuar conforme a la sociedad donde vivimos, ya que ésta se ha forjado en la misma a partir de un conjunto de principios y normas de convivencia. Actuar razonablemente significa escoger la elección más afín con el entorno y con nuestro consciente, que está gobernado por la razón. Pero la razón no nos nace de dentro, se nos inculca desde fuera. A lo que me refiero es que la razón es la que se juzga en nuestro entorno porque lo que le resta solo es parte propia y personal de cada uno. Las riendas de la convivencia y la comunicación formal están constituidas por la razón por ser el único medio estricto que existe para hacerlo. Las palabras de La Constitución Española podrían ser otras, pero nunca podrían haber dicho nada que no fuera a lo que hacen referencia.

 En éste sentido, es la consciencia la que nos determina a escoger siempre una preferencia frente a tantas opciones. La razón optimiza el rango de posibilidades escogiendo una favorable. Conscientemente, es decir, siendo conscientes de la situación y la repercusión de cada opción, siempre nos decantaremos por la misma elección. Estamos determinados a preferir siempre que lo hagamos mediante el uso de la razón.
Ahora bien, puede que hasta ahora todos mis argumentos sean calificables de deterministas, pero no he dicho en ningún momento que la única forma de obrar sea de forma consciente, o mediante la razón. Tampoco diré que solo haya dos formas de actuar, la de la razón y la que a continuación expondré, sino que éstas son los dos extremos de deliberación que existen y que uno corresponde al determinismo y el otro al libre albedrío.
En la progresiva creación del manto de la razón, ésta no se posa sobre la nada, sino sobre la inconsciencia natural de donde nacemos. La inconsciencia desaparece en el primer instante de consciencia transformándose en una subconsciencia que nos acompaña inconscientemente durante el resto de nuestra vida. El subconsciente se posa en una dimensión invisible e imperceptible, a diferencia de la conciencia, se alimenta por si mismo del medio, no se le inculca nada, él mismo absorbe sensaciones a libre albedrío. El consciente es un epifenómeno del subconsciente y el problema de los qualia lo corrobora. Los qualia son las cualidades subjetivas de las experiencias del subconsciente que el consciente jamás definirá con la razón. Decir que somos conscientes de esas experiencias es una falsedad, la consciencia solo es capaz de aludir que existen, pero no de dar cuenta de su contenido. La manifestación más visual del subconsciente son los sueños, por estar en total desconexión del consciente y del mundo real.
Actuar de forma consciente nos agota. Poner en funcionamiento la razón y meditar por qué actuar de una forma frente a la inmensidad de posibilidades de hacerlo, es agotador. Es por eso que en la vagancia o la distracción del consciente se manifiesta el subconsciente. De tal forma que en la constante deliberación a la que estamos arrojados, gran parte de las decisiones  están regidas por nuestro subconsciente. Esa gran parte, suele ser la de menor importancia, ya que en lo importante se suele accionar el consciente para deliberar. Digo “se suele” porque no todos cumplen ése parámetro. Los artistas han sabido potenciar su deliberación del subconsciente sobre la del consciente para poder fluir libremente en su medio de expresión, por ejemplo. O piénsese una conversación de teléfono en la cual el consciente esta distraído en conversar, mientras que el subconsciente se plasma en una serie de garabatos que hacemos en el papel. 
Una cosa a tener en cuenta es que la memoria almacena solo las acciones del consciente, de forma que las del subconsciente quedan olvidadas por no haber sido nunca conscientes de ello. Un ejemplo podría ser una persona sonámbula, o alguien que no recordó dejar ése objeto ahí. También se han dado casos en los que alguien ha estado en una situación tan al límite, que luego no recordaba ninguno de sus actos, otro fruto del subconsciente.
Lo cierto es que actuamos subconscientemente en un gran número de ocasiones al día, pero no somos conscientes de ello.


Ser consciente de una deliberación significa no poder actuar de otra forma a como lo hicimos por tener razones suficientes al actuar en dicha dirección, en cambio, el subconsciente no está sometido a estas normas que rigen la deliberación del consciente, es por eso que las acciones fruto de éste estado mental son totalmente libres. La conjugación entre ambos estados es continua y por ello, en cierta medida, estamos tanto determinados como libres somos de hacer algo.