Creerse que la moral del ser humano es universal es como
exponer una definición sobre qué es la filosofía y creerse haber acabado la
tarea con el final de la exposición. La moral es un ámbito intrínsecamente filosófico.
La filosofía posee un análisis potencialmente minucioso que abarca premisas de
todos los campos del conocimiento, incluyendo las ciencias. La moral es la
respuesta al porque de todos nuestros actos y, por formar parte esencial de
nuestra identidad, es necesario conocer, sino todos, el más amplio campo de
factores que dirigen nuestra orientación. De este modo, la herramienta más
apropiada para inspeccionar, investigar y reflexionar sobre nuestra conducta es
la filosofía. Pensar que uno tiene la
respuesta absoluta sobre como la moral actúa o debería de actuar, es creerse
con la posesión de “la filosofía” (creer que dominas el saber hasta tal punto
que conoces la esencia de lo que nos conduce).
Lo único que nos queda es resignarnos en nuestra necesaria
ignorancia. Esto no quiere decir que no sepamos nada, ni que no podamos
construir un saber útil, quiere decir que para conocer tiene que haber desconocimiento.
Por ejemplo; sí que es, aparentemente, muy cierto que algunas de las
importantes condiciones a las que la moral está sometida son la época y lugar
de nacimiento, más en concreto, los acontecimientos que te anteceden, donde los
más recientes cobrarán mayor importancia y, más aún, los que te son coetáneos.
Pero parece ser también muy cierto que el único conocedor de todos tus sucesos,
y por tanto, el más capacitado para someter a análisis y conducta la moral
(para contigo mismo) eres tú. Es por eso que uno ha de ser su propio filósofo
para intentar tomar parte y comprensión de su moral. Bajo mi punto de vista,
uno de los fines que ha de buscar el individuo es la desvinculación de la
tradición moral en cuanto a sumisión a otras morales (No se considere esto una
lección moral)
Algo remarcable en este aspecto es que existe una relación
entre la moral y la historia, a saber, que el modo de conducta de quienes han
participado en el transcurso de la historia ha determinado el rumbo de esta. Es
por eso que existe una relación de causalidades que son influyentes entre la
moral histórica y la propia moral de cada uno. Es esto de lo que el individuo
(llámalo Übermensch,
si quieres) tiene que desvincularse, de esta tradición dada que nos parece
indiscutible, para poder ser crítico con la hábito moral y someterlo a cambio.
De este modo, coqueteando con la moral, sabremos cuales han de ser nuestros
objetivos.
Ahora bien, pretender que lo que yo predico (en este texto
por ejemplo) sea acogido por todos como norma es jugar a ser Dios. Hay quien,
en su vida, no tienen pretensión ni de saber que es la moral ni de someterla a
ningún tipo de crítica. Es más común actuar que pensar. ¿Cómo moralizar (entendiendo como moralizar hacer “epojé” de la moral) a quienes no toman parte de estas pretensiones y que
responden con un: “Déjate de rollos”, “¿Voy a pensar yo en eso que no te lleva
a ninguna parte?, ¡Trabaja!”. Parece evidente que la moral sigue su curso de
obediencia por sumisión a la comodidad o tradición. Los más sumisos son quienes
más se involucran en obedecer, es decir, los que toman una moral como propia
sin ser ellos los que establecen sus bases (religión). Por otra parte están los
sumisos por comodidad que se someten a unas normas estándar, que les han sido
dadas, y no se plantean ningún tipo de auto-evolución ni tampoco cuestiones que
disten de lo material o útil, es decir, que no le dan importancia a la
filosofía. Esto es otro de los motivos por los cuales la moral no es
universalizable, precisamente, porque no todos quieren, ni tan siquiera, saber
lo que es.
Concluyendo y conectando con el principio de la redacción,
diré que; si la moral es intrínsecamente filosófica y el ser humano es
intrínsecamente moral, la filosofía es intrínsecamente humana.
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